lunes, 15 de abril de 2013

Clément Ader

Clément Ader  fue un ingeniero francés al que se debe, entre otras invenciones, un micrófono y los primeros perfeccionamientos del teléfono. En 1880 instaló en París la primera línea telefónica. Es famoso especialmente por ser el inventor del avión.
Se interesó ya de joven por el vuelo de las aves, pero también por las telecomunicaciones.
Comenzó a interesarse por la aviación estudiando el vuelo de los pájaros y de los murciélagos. Durante la guerra Franco-Prusiana de 1870 construyó un globo aerostático. En 1873 construyó un planeador en forma de pájaro recubierto de plumas de oca. Siguió a este un proyecto más elaborado, el Eole, propulsado por una máquina a vapor de concepción muy original. El ingenio, una especie de murciélago motorizado con hélice y alas articuladas de 14 m de envergadura y un peso de 300 kg (piloto incluido) voló una distancia de 50 m en 1890; le aplicó por primera vez el término "avión", acrónimo de Appareil ailé pour la navigation aérienne dit: Avion, o "aparato alado para la navegación aérea, llamado avión".
 Consistía en una pesada máquina de más de 200 kg (unos 300 con piloto) impulsada por una potente caldera de vapor con quemador de alcohol de dos cilindros y una potencia de 20 CV. Este motor movía una hélice de bambú de cuatro palas. Tenía unas grandes alas de murciélago articuladas, replegables y elásticas, recubrían una armazón de madera, y su envergadura era de 14 m. Reposaba sobre cuatro ruedas, una de ellas más adelantada para impedir que el aparato volcase. No poseía controles, salvo los del motor y las alas.
Tras la gran experiencia de que Eole volara Ader cambió parte del motor y rebautizó el aparato como Eole II. Realizó una prueba para ver si el aparato volaría como el anterior pero tropezó con unos carros que había en el campo donde realizaba la prueba y hubo que suspenderla.
Después de ser arreglados los desperfectos, el Eole II
fue expuesto en el pabellón de la ciudad, donde pudo ser examinado atentamente por el ministro de la Guerra. Así, mientras que la Sociedad Francesa para la Navegación Aérea valoraba poco los experimentos, el tercer modelo fue patrocinado por el Ministerio de la Guerra francés, que firmó un acuerdo con Ader el 3 de febrero de 1892.
Éste se comprometía a idear un aparato que pudiese volar, durante un tiempo y velocidad determinados, a una altura de centenares de metros, y recibía para ello una subvención de 200.000 francos. El aparato, llamado Avion III, se terminó en 1897: contaba con dos motores de 24 CV cada uno y con otras tantas hélices de cuatro palas. Fue probado el 14 de octubre del mismo año.
 Ader se instaló en su puesto mientras sus dos ayudantes sostenían las alas. Las malas condiciones atmosféricas aconsejaban el aplazamiento del vuelo, pero Ader decidió realizarlo en ese momento para no decepcionar a las autoridades presentes, que tuvieron que contemplar la prueba desde lejos, en un refugio a una distancia de un centenar de metros de la pista. El Avion III salió rodando del refugio, en una trayectoria tangente a la pista circular de unos 60 m; al llegar a ella, también rodando, marchó otros 150 m, pero entonces un golpe de viento lo descontroló por detrás e hizo que continuase unos 200 ó 300 m fuera de la pista. En algún momento pudo alzarse dificultosamente en el aire, pero finalmente se posó violentamente contra el suelo, momento en que se rompieron un ala y las dos hélices; Ader no sufrió daño alguno.

Mientras que el inventor defendía haber volado esos últimos 300 m sin interrupción , la comisión observó, por las huellas dejadas por las ruedas en el barro, que el trayecto se había realizado a saltos . A pesar de ello, se mostraron partidarios de continuar las investigaciones, pero el Ministerio de la Guerra no lo consideró oportuno. De hecho, rompieron la colaboración con Ader al afirmar el general Jean-Baptiste Billot que no se habían alcanzado los objetivos de los contratos . No obstante, daba a Ader la posibilidad de continuar con el proyecto por su cuenta; Ader busco medios de financiación y trató de realizar nuevas investigaciones pero, falto de recursos, tuvo que abandonar.
Quemó todos sus planos y aparatos, salvo el Avion III, que fue expuesto en la Exposición Universal de París de 1900, donde fue contemplado por Gabriel Voisin, estudiante de arquitectura, que a partir de entonces se dedicó a la naciente aeronáutica; después, y desde entonces, permaneció en el Conservatorio Nacional de las Artes y Oficios (se hizo además una copia que se exhibe en el Museo del Aire).
Ader, que se retiró, no se desentendió de la mecánica. En 1898 patentó un motor de automóvil con dos cilindros en V. Tampoco se olvidó por completo de la aviación: en octubre de 1908 envió una carta al presidente francés Fallières aconsejándole la creación de una escuela militar de aviación, pues consideraba fundamental el dominio del aire. En 1907 escribió La primera etapa de la aviación militar en Francia.

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